Por: Christian Zayas

Child’s Play (2019) es la nueva versión del “muñeco diabólico” traída por Lars Klevberg que viene con varios “upgrades” no tan solo en apariencia sino también los orígenes del mismo, lo cual puede dejar un sabor agridulce para algunos.

A pocas semanas de su cumpleaños, la joven madre Karen Barclay (Aubrey Plaza) le obsequia a su hijo Andy un juguete “Buddi”, uno de entre tantos del mismo modelo de la compañía Kaslan, una compañía que básicamente ha arropado el mercado tecnológico y de entretenimiento con todo tipo de productos que permite que todo esté conectado bajo un mismo sistema o “cloud” al igual que muchos de nuestros productos hoy en día. A diferencia de los filmes anteriores, “Buddi”, quien luego de su introducción es nombrado Chucky, es un juguete que trae consigo un sistema de inteligencia artificial que le permite interactuar con su dueño y con el ambiente que le rodea. Estos “upgrades” y la dificultad de Andy para hacer nuevas amistades, crean así un vínculo amistoso y entretenido entre Andy y Chucky, quien además es “es tu mejor amigo para toda la vida”. ¿Pero, qué tan lejos llegarías por tu mejor amigo?

Lars Klevberg logra reinventar la historia que conocemos de Chucky sin tener que recostarse completamente del filme original. Los rituales y posesiones se fueron por la ventana, pero en cambio nos trae un personaje que poco a poco evoluciona queriendo cumplir “su propósito” de siempre hacer feliz a su dueño Andy, cueste lo que cueste. La amistad entre Andy y Chucky y el deterioro de la misma es una de las fortalezas de la película ya que nos da la oportunidad de explorar los distintos “layers” en la personalidad Chucky  quien irónicamente se supone que es “solo un juguete”. Mark Hamill hace un excelente trabajo interpretando al muñeco diabólico quien logra crear un balance perfecto mostrando tanto su lado adorable y amistoso como también la esencia macabra del asesino.

Aunque la película no recrea completamente el factor sorpresa y de suspenso que tenía el filme original, cumple con su propósito (igual que el de la original) sigue siendo un buen “popcorn time” que ofrece una versión actualizada con un buen uso de su clasificación R en sus escenas violentas (on screen y off screen), humor negro y además explorando de la obsesión, la dependencia de la tecnología actual y la auto-destrucción codependencia emocional. Irónicamente, Child’s Play (2019) es el Brightburn de Toy Story.

 

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